
El fundador de Akord es piloto. Las nubes — sus formas, su volumen, los colores del paisaje desde arriba — son parte de lo que lo llevó a volar. Cuando hubo que elegir un símbolo para la marca, no hubo que buscarlo: ya estaba ahí.
Por qué una nube y no un balón
Akord nació ligada al fútbol, y el archivo de jerseys sigue siendo el corazón de la tienda. Pero una marca de ropa que solo hable de fútbol se queda chica. La nube no es fútbol: es cielo, viaje y distancia. Convive con el archivo mundialista sin depender de él.
La silueta
No es una nube de arcos regulares — esas son las de las apps del clima. La de Akord es asimétrica, de perfil escalonado, con la cola afilada hacia la izquierda y una muesca entre la joroba y el cuerpo. Esa muesca es la firma: es lo que hace que sea esta nube y no cualquiera.


El monograma
Las letras AK van caladas dentro de la nube. Esa parte no cambia: misma forma y misma proporción en cada prenda de cada drop. La nube sí cambia — de escala y de tratamiento según la colección. Una es la firma; la otra, el lenguaje.